Acabo de terminar de leer el primer volumen de la saga de Scott Pilgrim, cómic escrito y dibujado por el canadiense Bryan Lee O'Malley. Ésta serie comenzó a publicarse en el año 2004 en el sello Oni Press y consta de seis volúmenes. Éste cómic se ha convertido en un éxito de ventas en los Estados Unidos y otras partes del mundo, y recientemente se estrenó una versión cinematográfica de la serie. El cómic tiene un formato y un estilo de dibujo que se asemeja mucho al del manga japonés: tamaño digest, 200 páginas en blanco y negro por capítulo, personajes de ojos grandes etc. Hasta la calidad del papel utilizada en la versión americana original es parecida a la que comúnmente se utiliza en los cómics japoneses. Obviamente, el autor ha tenido una fuerte influencia estética de la historieta nipona, estética que ha sabido reinterpretar y adaptar para crear un estilo novedoso y personal que llama mucho la atención.
Hace mucho tiempo que tenía curiosidad por revisar éste material y finalmente pude leer el primer tomo en edición original americana gracias a un amigo que me lo prestó. Ya satisfecha mi curiosidad haré un balance de lo que me dejó la lectura de éste cómic, una lectura que -para ir adelantando algo- me pareció bastante irregular, con altos y bajos bastante marcados. Incluso, al terminar de leer la última página quedé con una sensación de ''oportunidad perdida''. Quizá Scott Pilgrim pudo ser un cómic totalmente diferente al que terminó siendo.
Sin embargo, a partir de determinado punto las cosas comienzan a cambiar y poco a poco se va sugiriendo la nueva lógica dentro de la cual marchará la historia de ahí en adelante. Scott empieza a tener sueños recurrentes con una chica de extraño peinado que usa patines en línea, con quien eventualmente llega a encontrarse en la calle. Su obsesión onírica se ha materializado en el mundo real y Scott no parará hasta conseguir acercarse a ella. Se la cruza en la biblioteca, en una fiesta (donde se entera de su nombre: Ramona Flowers), y finalmente -haciendo un pedido de cd's tras enterarse de que ella trabaja haciendo el servicio de delivery para la tienda virtual Amazon- logra atraerla hasta la puerta de su cuchitril.
En general, la temática principal del cómic ya está bastante definida para éstas alturas. Se trata de una soup opera o novelita sobre la animada vida sentimental de Scott y el resto de personajes. La tensión principal se manifiesta en el triángulo amoroso conformado por Scott, Ramona y Knives (con quien no se anima a terminar pues la chiquilla parece estar cada vez más enamorada de él y de su banda de rock), y en las situaciones comprometedoras que se generan cuando los tres personajes confluyen en el mismo lugar. Éste es otro momento del cómic en el que algunos lectores pueden sentirse decepcionados por el rumbo algo predecible que toma la obra. Sin embargo, los diálogos ingeniosos, las circunstancias ocurrentes y sobre todo, el vistoso y vivaracho dibujo de O'Malley hacen que uno se anime a proseguir con la lectura.
Hacia el final del cómic, un exceso de fantasía ciertamente infantil vuelve a hacerme fruncir el ceño: el concierto de rock se convierte repentinamente en escenario de la pelea entre Scott y Matthew Patel, un ex enamorado de Ramona Flowers, quien irrumpe en el local ¡volando desde las alturas! pero eso es sólo el comienzo: la pelea se transforma en un enfrentamiento tipo videojuego, con combinaciones de combos, saltos antigravitacionales, coreografías de baile, superpoderes y demás. Y todo termina con la victoria de Scott sobre Matthew, quien al ser derrotado ¡se convierte en moneditas! (a lo Mario Bros). Una vez finalizado todo el espectáculo de luces y fuegos artificiales, y mientras viajan en el metro luego de abandonar el alborotado local, Ramona le confieza a Scott que tiene siete ex-enamorados diabólicos con superpoderes y que si quiere ser su nueva pareja deberá pelear con todos ellos y vencerlos (¿?).
En conclusión. No considero la lectura de Scott Pilgrim como imprescindible. Quien no lea éste cómic no se está perdiendo demasiado. Sin embargo, pese a no ser una historieta profunda ni compleja, es bastante ágil y entretenida, y se deja leer con fluidez. Los personajes son carismáticos y atractivos. Y el dibujo de O'Malley me encantó. Supongo que éste cómic será disfrutado con menos reservas y de una manera más espontánea por aquél público lector juvenil-adolescente, por aquellos que viven inmersos en líos sentimentales veinteañeros, en amores platónicos e idealistas, y que aún sueñan con que es posible hacer una banda de rock y convertirse en los próximos Beatles o los próximos Sex Pistols. Yo al menos pasé un momento divertido (claro, con sus altos y bajos) leyendo el primer volumen y no me haría de rogar para leer los otros volúmenes si es que por algún motivo (exceptuando la compra, pues no me parece material indispensable) llegaran a caer a mis manos.








