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martes, 18 de septiembre de 2012

DRAK, una joya perdida del cómic peruano.


DRAK es un cómic en formato one-shot de 50 páginas, publicado en el año 2004 por el autor Diego Rondón Almuelle. La publicación resalta ante todo por su alto nivel gráfico, comenzando con la portada de un estilo similar al del ilustrador británico Dave McKean (portadista de The Sandman). El arte interior mantiene el elevado nivel, y esto puede no ser una sorpresa para los que conocemos la calidad de dibujante que tiene el arequipeño Diego Rondón, pero el lector se encontrará también con una historia bien desarrollada y con una estructura narrativa compleja y coherente, todos estos elementos que brillan por su ausencia en el grueso de la producción historietística nacional.

Rondón ofrece un trabajo gráfico superlativo, en el que sobresalen los fondos y paisajes (aquí también se nota cierta influencia de McKean en trabajos como Arkham Asylum), y la excelente caracterización de los personajes (no te vas a confundir tratando de descifrar ''quién es quién'', cada personaje tiene un look distintivo particular, en el caso de los ''villanos'' los diseños son realmente magníficos). También hay ciertos guiños a la estética nü-metal, popularizada por bandas como Korn en el diseño de sus discos (de hecho, el muñequito voodoo de la portada del disco Issues hace acto de presencia).

Una muestra de la ''paisajística'' lograda por Rondón en esta obra.
Lejos de la ciudad, el bosque donde viven Rita y su hija Ana.
En cuanto a la historia, podríamos enmarcarla dentro del género horror-gore con elementos sobrenaturales.  Con ciertas referencias al cómic-película The Crow (aunque con cierta impronta moral más ambigua), el protagonista es un vengador de ultratumba que se cobrará las vidas de aquellos que le dispararon y arrojaron al río. Antes de morir, mientras su alma era disputada por el cielo y el infierno, la aparición de la visión de una mujer lo arrancará de ese trance y lo convertirá en un ser maldito casi indestructible.

La forma en la que se explica el mito, es uno de los puntos fuertes de la obra. Diego Rondón crea una mitología en torno a la creación de un DRAK, donde interviene Rita, una mujer que ha tenido un extraño sueño y su hija Ana, amante de los peluches siniestros y de los cuentos de hadas y aparecidos. Ellas viven en un frondoso y oscuro bosque, en el que también vive la bruja Atcha, quien se encargará de explicarle a Rita el significado de su sueño, causante de la creación de una nueva encarnación del espíritu vengador.

El erotismo bizarro también se encuentra presente de refilón en DRAK,  y Rondón demuestra su pulso con la figura humana.
Por aquí pasó el DRAK.
También existe en la obra un curioso juego de paralelismos, entre la niña Ana y la bruja Atcha, como si la primera de ellas estuviera destinada a habitar en los limbos sobrenaturales por los que transita la añeja vidente del bosque. La ciudad también tiene un rol importante, una ciudad decadente y gris, infectada por el mal, que nos narra muchos de los acontecimientos desde un punto de vista omnisciente. Y punto aparte para el grupo de malhechores o -usando un término más bien florido- ''galería de villanos''. Todos despiadados y con el alma putrefacta, y con un aspecto físico realmente atemorizante.

Los ''chicos malos'' deciden hacerle frente al ente sobrenatural que los está cazando uno a uno.
La bruja Atcha pagará el precio de conocer los secretos del origen del DRAK y el método de su destrucción.
DRAK se erige como una pequeña obra maestra del cómic local. Una muestra de la amplitud creativa que puede tener nuestro cómic, que le cae como una cachetada a aquellos obtusos y cerrados de mente que creen que la ''novela gráfica peruana'' debe ser sinónimo de conceptos como ''compromiso social'', ''discusión política'' o ''expresión subterránea o independiente''. También nos permite constatar que el mejor cómic nacional de los últimos años ha sido producido en la ciudad de Arequipa, y no en la capital.

Lamentablemente esta edición, publicada ya hace 8 años, es muy difícil de conseguir y nunca se imprimió un segundo tiraje. Además, su autor nunca volvió a sorprendernos con una obra de esta magnitud, y -por motivos comprensibles- se ha desenvuelto en los últimos años en el campo del diseño y la ilustración, regresando al cómic muy de vez en cuando, con sus colaboraciones para el colectivo Pandemia, donde realiza historietas cortas en las que sigue demostrando su talento, pero en las que se extraña la ambición con la que desarrolló este proyecto.