La obra del ''niño terrible del manga'' Shintaro Kago (Tokio, 1969) se encuentra a
la vanguardia del cómic mundial en muchos aspectos. Sea por sus historias
(encasilladas dentro del género ero-guro o erotismo grotesco) o por sus asombrosas
innovaciones técnicas que explotan el potencial del arte secuencial a niveles
jamás imaginados, nos traslada a los lectores siempre a un territorio
inexplorado, dejándonos absortos como si estuviéramos al borde de un abismo, o
como si escarbáramos en un baúl lleno de objetos absurdos e indescifrables,
pero de los cuales no podemos desviar la mirada.
Para disfrutar del arte de Kago, los más conservadores y los puritanos primero
tendrán que dejar de lado sus barreras mentales y morales, anestesiar sus instintivas reacciones
repulsivas (para evitar cerrar el libro abruptamente y lanzarlo lo más lejos
posible de donde se encuentren), y procurar ver más allá de lo evidente.
Chicas intentando expulsar gigantescos fecalomas llenos
de gusanos (o comiéndoselos), personajes mutilados cuyo atractivo reside en sus
muñones, cortes transversales que nos permiten ver el interior de cuerpos
humanos, sadismo, violencia extrema y sexo explícito en toda la gama imaginable son
algunos de los ingredientes recurrentes y -admitámoslo- parte fundamental del
encanto de las historietas cortas por las que este autor se hizo famoso y
conocido.
Pero su enfoque no es sombrío, ni intenta imitar la crudeza de una snuff movie, sino parte siempre de lo absurdo y lo lúdico. Subyace siempre una mirada irónica y un incisivo humor burlón que se cierne sobre las convenciones sociales, la doble moral de la vida pública y la vida privada, los dogmas religiosos, las tradiciones culturales, el sistema político económico, o las repetitivas y predecibles fórmulas artísticas de sus colegas.
Pero su enfoque no es sombrío, ni intenta imitar la crudeza de una snuff movie, sino parte siempre de lo absurdo y lo lúdico. Subyace siempre una mirada irónica y un incisivo humor burlón que se cierne sobre las convenciones sociales, la doble moral de la vida pública y la vida privada, los dogmas religiosos, las tradiciones culturales, el sistema político económico, o las repetitivas y predecibles fórmulas artísticas de sus colegas.
| Algunas muestras del lado escatológico de Shintaro Kago. |
Así como algunas de sus historias se enfocan más en lo que
comúnmente se clasifica como ''escatológico'', usando un diseño de página y una
narrativa bastante convencionales, en otras el leitmotiv es la experimentación:
cómics sobre una viñeta que se reproduce por mitosis, formando distintas líneas
narrativas que van mutando o degenerándose; cómics en los que el número de viñeta por página va
aumentando exponencialmente: 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, etc.; o cómics en los
que los personajes ''arrastran su pasado'' en viñetas que flotan sobre sus
cabezas.
A nivel de la técnica y de la presteza con la que plasma sobre las páginas sus revolucionarias ideas sobre teoría secuencial, Shintaro Kago hace gala de una inteligencia y lucidez privilegiada (quizá sólo comparable a la mente analítica del teórico Scott McCloud). Multiplica las posibilidades del cómic y hurga en la naturaleza de su lenguaje, con el atrevimiento y la locura con la que Dalí creaba sus pinturas (la página en blanco /el lienzo en blanco, son el punto de partida hacia el infinito, no hay límites).
También es célebre su serie de historias tituladas '' ... ante la estación'' (sólo se reemplaza los puntos suspensivos por algún sustantivo o verbo) en las que el autor juega con la idea de los absolutos y los extremos: ciudades en las que todo se distribuye a través de tuberías; en las que hay espejos por todos lados; en las que todo está organizado y almacenado en cajones; en las que cualquier camino entre un punto A y uno B siempre es un laberinto; etc. Pese a lo fantástico de estas situaciones, lo que más sorpende son las similitudes que llegamos a encontrar con nuestra propia sociedad.
A nivel de la técnica y de la presteza con la que plasma sobre las páginas sus revolucionarias ideas sobre teoría secuencial, Shintaro Kago hace gala de una inteligencia y lucidez privilegiada (quizá sólo comparable a la mente analítica del teórico Scott McCloud). Multiplica las posibilidades del cómic y hurga en la naturaleza de su lenguaje, con el atrevimiento y la locura con la que Dalí creaba sus pinturas (la página en blanco /el lienzo en blanco, son el punto de partida hacia el infinito, no hay límites).
También es célebre su serie de historias tituladas '' ... ante la estación'' (sólo se reemplaza los puntos suspensivos por algún sustantivo o verbo) en las que el autor juega con la idea de los absolutos y los extremos: ciudades en las que todo se distribuye a través de tuberías; en las que hay espejos por todos lados; en las que todo está organizado y almacenado en cajones; en las que cualquier camino entre un punto A y uno B siempre es un laberinto; etc. Pese a lo fantástico de estas situaciones, lo que más sorpende son las similitudes que llegamos a encontrar con nuestra propia sociedad.
No digo más porque cualquier comentario o análisis que
pueda hacer sobre la obra de Shintaro Kago va a ser insuficiente y limitado. En
los cómics, y en todos los campos del arte en general, existen los malos,
mediocres, buenos, muy buenos, y finalmente los genios, y creo que Kago se
tiene asegurado un sitial en esta última categoría.
| Shintaro Kago desatado: algunas muestras de sus innovadores diseños de página, que reconfiguran las concepciones tradicionales de tiempo y espacio que solemos atribuirle al arte secuencial. |
Termino el artículo comentándoles que me siento afortunado
de vivir en una época en la que occidente recién está descubriendo a los grandes
maestros clásicos y contemporáneos del manga. Por cuestiones de gustos, derechos,
traducciones y mercados, en nuestro hemisferio se podía acceder solamente a lo
más comercial o lo más tradicional (y alguna otra cosita que tenía la suerte de colarse por ahi).
Afortunadamente, en los últimos 10 años aproximadamente, se
están reduciendo estas brechas ''civilizatorias'' y se están haciendo por primera vez traducciones
al inglés, francés y español de maestros como Shigeru Mizuki, Suehiro Maruo, Yoshihiro
Tatsumi, Umezu Kazuo, Junji Ito y tantos otros grandes autores (incluso del
grueso de la obra del ''dios''Osamu Tezuka) que antes permanecían inéditos y
desconocidos en occidente. Así que a disfrutar y leer, que hay material en
abundancia y del bueno.
