Me toca reseñar el más reciente trabajo de Carlos
Lavida, la novela gráfica ''Tren de Ficción'' (Contracultura), presentada oficialmente
hace pocas semanas en la feria del libro Ricardo Palma de Miraflores, donde
se destacó como uno de los libros más vendidos durante las dos semanas en las
que se realizó el evento. Esto último no es algo común -y probablemente algo que
nunca había sucedido en una feria libresca- con un cómic de un autor joven.
Creo que el éxito en las ventas y el interés del público se basan en algo
bastante simple: ''Tren de ficción'' toca temas con los que la gran mayoría de
gente -lectores habituales de cómics o no- puede identificarse.
En el 2010, Carlos Lavida hizo su debut en la narrativa
gráfica con ''Las moscas no vuelan de noche'', con guión de César Santiváñez. Aquel trabajo -en
el que Lavida utilizó el lápiz carboncillo- demostró que podía desenvolverse con
propiedad en el campo del cómic, pese a que su territorio natural había sido hasta
entonces el humor gráfico (al que sigue dedicando la mayoría de su tiempo
como colaborador del suplemento ''El otorongo'' del diario Perú.21). Sin
embargo, ''Las moscas'' fue una obra bastante experimental, un híbrido que se
emparentaba más con el relato ilustrado que con la historieta, con densas
referencias a la música clásica, y con una trama bastante lineal, sin giros ni
sorpresas, en la que un asesino llevaba a su más reciente víctima a su casa, y
la mataba. Pese a que se lograba crear una atmósfera de tensión, gracias sobre
todo a la sofisticación de los textos de Santiváñez, ''Las moscas'' no contaba
demasiado.
Con ''Tren de ficción'', Carlos Lavida (ahora como
autor completo) ha dado un giro total en la temática. Ha logrado -dando un paso
más hacia su madurez como historietista- contar correctamente una historia
intimista y cotidiana, con la que el público puede conectar y sentirse
identificado. Si bien este tipo de cómics se publican cada año por centenares
en países como Estados Unidos, aquí en Perú es casi un territorio inexplorado. Y
mientras que otros autores peruanos -quizá más dotados- se siguen dedicando a los
minicómics y al diseño gráfico, Lavida presenta una obra que
puede tener algunas fallas o descuidos, pero en la que demuestra una ambición
por contar algo más grande, más complejo, con más capas. ''Tren de ficción'' representa
un salto cualitativo en la obra de Lavida, y nos permite vislumbrar hasta dónde
podría llegar este autor en el futuro, de seguir en su empeño de continuar
publicando habitualmente.
En cuanto a la estructura de la novela, es notoria la
influencia del lenguaje escueto y explosivo del humor gráfico. En la primera
parte de la obra, Lavida expone una serie de anécdotas y experiencias a manera
de historias autoconclusivas de una o dos páginas, que al sucederse unas tras
otras nos van sumergiendo en el entorno social y geográfico de Adrián (un
alter-ego del autor). Ya en la segunda mitad, cuando el personaje decide
escapar de su casa e irse a vivir a las vías inconclusas del tren eléctrico, la trama se va haciendo más fluida. Es
ahí donde el cómic alcanza sus mejores momentos y logra cohesionar las
diferentes capas hasta entonces expuestas, y donde cada situación va
multiplicando sus significados y posibles interpretaciones.
Si en ''Las moscas'' no se contaba casi nada, aquí felizmente se cuenta mucho. Lavida deja parte de sí mismo en cada página con
experiencias personales, desde las más dolorosas como la muerte reciente de un
ser querido, hasta las más divertidas y placenteras, como las conversaciones
con los amigos o con la mujer amada. Los personajes expresan en diálogos breves
lo que sienten y piensan sobre ellos, sobre su vida y su ciudad. También se
plasma la experiencia colectiva, sobre todo aquella que nos marcó a miles de
limeños, la de ver diariamente aquellas columnas y vías abandonadas de un tren
ficticio, un monumento inservible, el esqueleto de una serpiente gigante que nos acompañó
durante 20 años, recordándonos que vivimos en una republiqueta ubicada en el
culo del mundo, gobernada por políticos oportunistas que están más interesados en
quitarse méritos y echarse culpas entre ellos que en desarrollar un proyecto
común de desarrollo nacional.
Ese es el mérito principal de la obra, la manera en la que el autor logra unir esos dos universos, el personal y el social; los
traumas, bloqueos y estancamientos de cada uno de nosotros, con los traumas,
dolores y la resignación colectiva de nuestra sociedad, de los cuales el veinte
años inconcluso tren eléctrico pareció ser un monumento o bandera. Y hacia el
final se deja entrever un halo de optimismo: quizá la superación individual y
la superación colectiva de nuestra sociedad, de nuestro país, pueden ir de la
mano.
Ficha técnica:
Tren de Ficción (Contracultura, 2012)
72 páginas, tapa blanda.
Blanco y negro, con grises tramados.
Textos adicionales de Juan José Sandoval, Luis Ascama y
Lucho Zúñiga.
Ilustraciones adicionales de Luis Rossell.
Precio: S./20 nuevos soles.
