lunes, 1 de abril de 2013

España: Una, Grande y Libre. La trilogía de Carlos Giménez sobre la Transición Española (1976-77).

Edición Integral de la trilogía, publicada por editorial Debolsillo.
Después de casi cuatro décadas del franquismo en el poder, y ya con el Generalísimo Franco fallecido un año antes, se inicia en España -alrededor del año 1976- un proceso de reforma hacia la democracia conocido como la Transición. Es en esta coyuntura (corrupción generalizada, represión política a manifestantes, intervención de llamadas telefónicas, desapariciones, atentados de grupos clandestinos de extrema derecha y extrema izquierda, polarización social y económica, pedido de amnistía a los presos políticos) que Carlos Giménez desarrolló una serie de páginas de prensa para el semanario humorístico ''El Papus'', luego recopiladas en 3 álbumes titulados España: Una, Grande y Libre respectivamente.


Carlos Giménez opta en este trabajo por un enfoque claramente partidario, activista y comprometido con su ideología política, que es el comunismo. Para el autor, la situación de la llamada Transición no es más que una pantomima, en la que los herederos del régimen (empresarios, políticos, militares, policía, etc.) mantienen un sistema básicamente fascista, un continuismo con un leve maquillaje pro-democrático en el que se realizan cambios mínimos, más de forma que de fondo.

La crítica de Giménez, a través de un humor político sumamente negro en la mayoría de páginas, es más contra el sistema capitalista liberal en general que contra la coyuntura española de esa época en específico (magníficamente retratada en toda su crudeza). Si bien en la mayoría de historias se mencionan fechas, lugares, nombres o datos concretos, estos no son del todo determinantes para darle valor o significado a lo que se desea transmitir a un nivel más trascendente. Y esto es, básicamente, que la historia de la humanidad es la del continuo enfrentamiento entre dos bandos opuestos e irreconciliables: los ricos y pobres, los explotadores y los abusados, los fascistas y los comunistas, los que tienen y los que no tienen, etc.


Giménez cae, a diferencia de otras obras suyas (y aparentemente de forma intencional), en maniqueísmos y simplismos reiterados, en pos de darle más fuerza a sus ideas o de hacer más didáctico el entendimiento de los problemas sociales, recurriendo al método de contraposición de extremos. Los empresarios, los curas y los conservadores son graficados siempre obesos, atragantándose con comida y fumando finos puros, los policías siempre como sádicos ávidos de violencia y prestos a la corrupción, los jóvenes manifestantes de izquierda aparecen siempre atractivos y hasta sonrientes, motivados únicamente por sus inmaculados ideales, los campesinos siempre sucios, anémicos, explotados, la gente de clase media como indeferentes acomodados, etc. Casi no hay espacio para matices.

Fascistas y Comunistas, dos caras de la misma moneda. Pese a los profundas diferencias ideológicas, ambos han demostrado las mismas actitudes, conductas y maniobras represivas cuando han llegado al poder, enquistándose como dictaduras totalitarias. La democracia liberal, basada en elecciones, división de poderes, respeto a la libertad individual y el libre mercado, sigue siendo -a mi parecer- el sistema ''menos malo'' concebido por el hombre, y el que más favorece la reducción progresiva de las brechas sociales en un clima de paz.
El autor, fiel a su concepción política e ideológica de la sociedad, postula algunos principios y conceptos con los que difícilmente -salvo se comparta su entusiasmo y convicción partidaria- pueda uno estar del todo de acuerdo. Por ejemplo, el hecho de señalar a los ricos (en general, a que algunos tengan más que otros) como el origen de todos los problemas y las injusticias sociales. Si bien la existencia de clases sociales es parte de la raíz del problema, centrarse sólo en eso, o suponer que superada esta diferencia, el mundo sería poco menos que un paraíso, es caer en el reduccionismo económico que es uno de los principales talones de Aquiles del activismo marxista (1).


En ''Imágenes para antes de una guerra'' se nos muestra a una niña muriendo de hambre en una pensión de mala muerte, en una secuencia que se interrumpe constantemente para mostrarnos comerciales de televisión de la época, en los que se anima a los consumidores a rodearse de lujos, como autos, viajes, ropa, lugares de entretenimiento, etc. (lo que se ve normalmente en la propaganda televisiva de ayer y hoy). Se nos dice que la niña tiene además varios hermanos a los que les espera un destino similar y que sus padres se encuentran desempleados y no tienen siquiera seguro de desempleo. Por un lado, es cierto, la desigual distribución de la riqueza que existe en el mundo permite que sucedan estas cosas, pero por otro lado, ¿no es también la irresponsabilidad de los padres, de aquellos que deciden procrear continuamente sin siquiera tener asegurado el sustento para ellos mismos? Señalar la desigualdad económica como única causa de una situación de esta índole me parece de algún modo ver sólo un lado de la moneda.


Algo similar ocurre en ''Delincuente'', donde se narra la vida de un criminal juvenil apodado ''El Loco'': ladrón de autos, sicario y hasta violador, de sólo 15 años. Se señala implícitamente que el hecho de haber nacido en la extrema pobreza es la principal causa de su accionar. Y se muestran escenas de gente comiendo tranquilamente en un restaurante como ejemplo de indiferencia social. Nuevamente, el contexto socio-económico puede ser parte fundamental de un problema de este tipo, pero no tener en consideración otros aspectos es caer en un reduccionismo económico de lo más endeble. ¿Cómo se explica entonces que personas nacidas en el mismo entorno de pobreza extrema lleguen a convertirse en profesionales, empresarios, deportistas o políticos prominentes? ¿Acaso no hay jóvenes de clases privilegiadas con los mismos instintos sociópatas y tendencias criminales? ¿De no existir pobreza los delincuentes, asesinos y violadores desaparecerían de la faz de la tierra? (2).


Hay incluso historietas en las que Carlos Giménez indica explícitamente que la única solución real contra la injusticia social es la vía de la lucha armada, utilizando metralletas y bombas. Se muestran banderas con hoces y martillos y puños levantados al aire, acompañadas de poesía revolucionaria. Ahora bien, no debemos olvidarnos que Carlos Giménez fue un huérfano de la guerra civil, que vivió en carne propia aquella terrible experiencia de los Hogares de Auxilio Social (que cuenta magníficamente en Paracuellos), y que prácticamente es heredero de una tradición política que le viene de familia.

También debemos recordar que estas historietas se han hecho en los 70’s, una década en la que existía el bloque soviético, con un poder que equiparaba al de los Estados Unidos y en la que declararse comunista o socialista era algo tan habitual como es hoy en día denominarse demócrata. Recordemos que por esos años, incluso nuestro Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, ahora fiel defensor de la democracia liberal, se declaraba aún ''castrista'' y aplaudía las reformas del gobierno revolucionario del General Juan Velasco Alvarado. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces.


Más allá de los tintes propagandistas a favor del comunismo (que debemos entender teniendo en cuenta la coyuntura histórica y la biografía del autor), o del claro maniqueísmo y tendencioso simplismo al que el autor recurre repetidas veces en algunas de las historietas, ''España: Una, Grande y Libre'' es una obra de altísima calidad conceptual y narrativa, como todo lo que produce este genio español. Sin necesidad de compartir al 100% las ideas o postulados que el autor plantea en esta trilogía, uno queda deslumbrado una vez más por la maestría de Giménez para contar buenas historias, que escarban en la interioridad del lector, llamándonos a la reflexión y al pensamiento, sin permitirnos quedar indiferentes ante las abyecciones generadas por el poder.

Para finalizar, simplemente recomendaría esta obra (que pueden adquirir en los locales de Librerías Ibero en la ciudad de Lima, al precio de S./49 nuevos soles con pago en efectivo) a los lectores que ya hayan leído otros cómics autobiográficos de Carlos Giménez, en los que se muestra más objetivo (que no neutral) y se dedica más a contar que a decretar o ''instruir'' al lector sobre lo que está pasando, de manera compleja y multidireccional, sin caer en reiterados maniqueísmos y dejando más espacio a la interpretación personal. Lo digo porque quizá, el manifiesto activismo y la clara inclinación política que el autor expresa en España: Una, Grande y Libre, podría crear ciertos anticuerpos en algunos lectores cuyo primer contacto con el autor sea a través de esta publicación.


Notas:

1.- Debemos tener en cuenta además todas las nefastas experiencias históricas, devenidas en dictaduras absolutas, cuando se ha querido llevar la ideología comunista del campo de las ideas a la práctica real: la ex-Unión Soviética, China, Corea del Norte, Cuba, Alemania Oriental, Camboya, etc. Si bien algunas alcanzaron importantes avances en temas sociales, educativos, científicos o tecnológicos, en temas de libertad individual, libertad de expresión y derechos humanos se han cometido las mismas (o incluso peores) atrocidades y violaciones que se atribuía exclusivamente a estados fascistas o dictaduras capitalistas. Ni la injusticia, ni la desigualdad desaparecieron, por el contrario se atentó contra la libertad de acción, opinión y pensamiento, se reprimió y se privó de derechos a los opositores, etc.

2.- Las teorías más emblemáticas respecto de la verdadera naturaleza humana son la del ''Leviatán'' del inglés Thomas Hobbes (1588-1679) y la del ''Buen Salvaje'' del suizo Jean Rousseau (1712-1778). El primero considera que el humano, en estado salvaje, está propenso por naturaleza a cometer crímenes, asesinatos, violaciones en su búsqueda por alcanzar el poder y la satisfacción personal. Es por ello que se hace necesaria la existencia de un Estado (o Leviatán, en referencia a un monstruo todopoderoso) que reprima, mediante orden, leyes y penalidades estos instintos o tendencias y se permita la armonía social y el desarrollo de la comunidad. Por otro lado Jean Rousseau considera que todo hombre nace bueno y es la sociedad -se entiende una sociedad injusta, desigual y violenta- quien lo corrompe. Según este enfoque, todo ser humano que tenga sus necesidades básicas satisfechas y al que se le garantice un libre albedrío, no devendría jamás en un elemento pernicioso, criminal, delincuecial, etc.

Este es un debate muy recurrente en la sociedad actual (al margen de consideraciones teóricas clásicas), y hace poco estuvo en boga en el Perú por el caso del delincuente juvenil ''Gringasho''. Mientras que algunos sectores pedían la pena más drástica para este mal elemento, otros trataban a este individuo prácticamente como una ''guagua'' (del término ''bebé'' en quechua) víctima de las circunstancias, responsabilizando al Estado y a la sociedad de su accionar criminal. 

3 comentarios:

  1. Carlos Giménez es uno de los grandes genios del cómic español. No he leído España una, grande y libre, pero me quedo con las ganas de hacerlo. Es curioso que en este caso Giménez se haya dejado llevar por su fervor ideológico y su pasión política. En otras obras sí logra mantener el equilibrio.

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    1. Gracias por comentar Arion.

      Efectivamente, yo me considero un admirador rendido de Carlos Giménez, y uno de los aspectos que más me agradan de sus obras históricas y autobiográficas como Paracuellos, 36-39 o Barrio es que es bastante objetivo, se dedica a narrar y así el lector saca sus propias conclusiones de lo que sucede.

      Aquí por el contrario, recurriendo a la caricatura, el estereotipo y los maniqueísmos, e incluso con frases y textos explícitos, pareciera que su intención es ''adoctrinar'' al lector, obligarlo a tomar partido, señalarle como con flechitas cómo son las cosas y cómo podrían solucionarse algunos de los terribles problemas sociales por los que atravezaba España en ese momento.

      Creo que todo es atribuíble a la coyuntura. Se estaban acabando 40 años de Franquismo, y supongo que Giménez quiso empujar un poquito el coche, desde su tribuna y su espacio, removiendo los cimientos de un sistema que comenzaba a venirse abajo y que definitivamente se resistía, para lo cual el activismo y las protestas de la gente fueron muy importantes.

      Y bueno, de ''taquito'', pues manifestaba sus convicciones políticas, ese comunismo combativo que le viene por parte de familia, como huérfano de guerra y ex ''recluso'' de aquellas institutuciones cuasi-totalitarias llamadas los Hogares de Auxilio Social.

      Lo que me sorprende es que mucha gente, críticos especializados, o gente de prensa, considera a ésta como la gran obra de Giménez. Y a mí, a comparación de sus otros trabajos, y por su carácter propagandístico y/o partidario, me parece una obra menor (para mí su gran cómic es RAMBLA ARRIBA, RAMBLA ABAJO). En fin, repito, cosas de coyuntura. Además, pese a que no se comparta del todo los puntos de vista del autor, o que moleste un poquito su afán moralizante (''preachy'' que le dicen los gringos), sigue siendo una gran obra, con grandes historias magníficamente narradas, con muchas tripas y corazón.

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