sábado, 17 de agosto de 2013

Sobre cómics con autógrafos, bocetos, firmas y garabatos. Dándole a las cosas el valor que realmente se merecen.


Este es un tema sobre el que quería manifestarme hace mucho tiempo, pues lamentablemente en nuestro medio hay muchos oportunistas y negociantes a los que les gusta engañar y timar a los más advenedizos, dándoles a entender que ejemplares firmados -garabateados es un término más preciso- a la volada, y encima a terceras personas, se convierten en objetos económica y simbólicamente valiosos, cuando no lo son.

Comienzo compartiendo con ustedes mi sentir personal. Nunca he sido aficionado a las firmas de un autor (o autores) de determinado cómic. Es decir, encontrar en algún evento o convención a uno de los autores y que me haga una firma rápida o garabato en la portada o interior del mismo, estropeándolo totalmente (a mí entender). Menos aún que me pongan una hipócrita dedicatoria en la que hablan de cariño o amistad, si nunca antes te han visto. Cuando encuentro a algún autor que admiro, pues prefiero saludarlo y hacerle un par de preguntas, eso me parece más interesante.

Ahora claro, si el dibujante (siempre tiene que ser el dibujante, no el guionista si se trata de un dueto creativo) está dispuesto a tomarse un momento y hacerme un boceto (un buen boceto, se entiende), pues ahí cambia la cosa: bienvenido sea. Aquí los dejo con un ejemplo del que me siento orgulloso: un boceto que me hizo Horacio Altuna en su visita a Lima en el año 2011, en un ejemplar de Playboy: Las historietas eróticas de Altuna, que compré a mediados de los 90's en el Centro de Lima (luego continúo con la reflexión).


Como pueden ver, se trata de un bello dibujo (le pedí especialmente que no borre la base de lápiz, como acostumbra hacer). En sí mismo, tiene un valor estético innegable. Y con ese boceto, el ejemplar queda totalmente personalizado y se hace único. También me gustó la dedicatoria: ''¿Cómo te llamas?'', ''Guido''. Pues ''Para Guido''. Sin vacíos floros de por medio.

Aparte de la imagen, queda el recuerdo de haber visto, a centímetros de distancia, el proceso por el cual la página en blanco se convertía en una obra de arte. Y claro, el recuerdo de -en aquella ocasión- haber escuchado la charla que brindó al público y haberle hecho una pregunta. Todo en conjunto forma una experiencia valiosa, junto a un autor al que admiraba por décadas, perennizada materialmente en el boceto realizado para mi ejemplar, que al menos para mí, tiene ya un valor que trasciende todo cálculo.

Bueno pues, ¿a qué viene toda esta reflexión? A que me parece patética la forma en que acá en el Perú se ha hecho costumbre por parte de alguna gente (como Zlatko Pérez Luna de Editora VUK, o el organizador de eventos José Antonio ''Chiqui'' Vilca) sortear o -en el caso específico del segundo- incluso vender a precios estratosféricos, ejemplares firmados, mejor dicho mal garabateados, por autores como Robert Kirkman o Frank Quitely, y presentar estos cómics (lo peor de todo hasta esos simples trozos de cartón llamados ''tapas'') como si fueran grandes joyas. Juzguen ustedes mismos:


Yo no veo nada de interés ni valor en esos garabatos, hechos a la volada y sistemáticamente, que encima de todo malogran las portadas. Peor aún, si ese garabato no te lo han hecho en tu cara pelada, ¿qué valor puede tener? Se lo hicieron a alguien que no eras tú, lo firmaron sin saber a manos de quién iba a parar, ¿eso te parece de valor? Para nada. En el caso de las firmas de Kirkman en los ejemplares y cartonazos de Editora VUK, queda claro que le pusieron una ruma de 40 o 50 revistas para que Kirkman los firme uno tras otro (porque hace 2 años que vienen regalando ejemplares firmados), a la velocidad con la que un gerente firma una ruma de documentos.

¿Eso te parece digno de atesorar estimado lector? Incluso es posible (porque ese garabato es facilísimo de reproducir y porque no creo que a Kirkman le haga gracia firmar 30 ejemplares distintos a una misma persona) que algunas de las firmas sean ''made in Perú''. ¡Que viva el criollismo!

Al menos la gente de VUK, se ha dedicado a sortear estos ejemplares (que no tienen nada de especial, pero al menos no cobran por eso). El caso de José Antonio ''Chiqui'' Vilca sí es grave: este tipo se dedica a dejar en varias tiendas especializadas cómics firmados en las convenciones a la que ha ido en el extranjero, y ofrecerlos a precio altísimo. Recuerdo haber visto un TPB de All Star Superman con un garabato ilegible atribuido a Frank Quitely (sin certificado de autenticidad que lo respalde, no estoy diciendo que la firma sea falsa, pero sin certificado) a S./250 soles. ¿Quién habrá sido el gil que lo compró? ¿Acaso cree que un garabato hecho a un tercero vale algo?

Resumiendo: No le encuentro valor a los garabatos hechos a la volada, sólo a los bocetos. Y en ambos casos (así se trate de firmas, para los que les guste eso), la gracia es que te lo hagan frente a tu cara pelada. ¿Dónde está el valor sino pues en el recuerdo físico que evoque una experiencia agradable con un autor admirado? ¿Puede haber gente tan tontorrona que crea que un cómic firmado a un tercero, de los que hay por millares en todo el mundo, que además ni siquiera tiene un certificado de autenticidad, tenga un valor económico o siquiera simbólico? Despierten pues señores, no se dejen engañar por los oportunistas, no valen nada.

La yapa: si bien los tomos (tapa blanda o dura) cuentan generalmente con páginas en blanco o espacios vacíos junto a los créditos donde los autores puedan hacerte un boceto, no sucede lo mismo con los comic-books tradicionales (conocidos como ''grapas'', ''floppies'' o ''single issues''). Por lo mismo un boceto, o un garabato/firma no hacen sino tapar el arte pre-existente y afear el ejemplar.

Pensando en esto, desde hace unos años las editoriales norteamericanas vienen ofreciendo ocasionalmente las ''blank covers'', que son portadas variantes totalmente en blanco (con el logo y los créditos, pero sin imágenes), de tiraje muy limitado, y que se venden exclusivamente en convenciones, a un precio que no suele bajar de los $20 dólares. El precio es elevado, pero lo más probable es que encuentres al autor de ese cómic en la misma convención donde lo compraste y así pueda realizarte un boceto en la portada, personalizándolo totalmente. Me parece una iniciativa muy interesante.

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