Con una excelente portada de psicodélico sabor oriental y un título
con reminiscencias al tercer disco de estudio de Marylin Manson, hace su debut
Animal Machine, el nuevo fanzine nacional de historietas con espíritu
alternativo, con trabajos de Eduardo Yaguas, David Galliquio y BoShek. Este
primer número incluye 4 historias completas, además de algunas páginas
conceptuales e ilustraciones. El hilo conductor, o el tema de fondo que las une
a casi todas, es la psicosis paranoide que acosa a los protagonistas.
En ''Feliz cumpleaños a mí'' (E. Yaguas) nos encontramos
con Luis, un joven de 30 años atravesando una crisis existencial, quien sufre
un arrebato depresivo en plena ruta de regreso a casa luego del trabajo, en un
autobús. La inconformidad con lo logrado hasta el momento con su vida, su
situación presente (obrero asalariado) sin ninguna perspectiva de crecimiento a
futuro, los achaques del cuerpo y el temor de quedar rezagado en el dominio de
las nuevas tecnologías, le crean un stress tremendo, que lo hacen sentirse un
perdedor total.
Los diálogos entre el protagonista y su compañero de
labores (10 años mayor, más sereno y resignado) son verosímiles y muy fluidos. En
el dibujo Yaguas demuestra que está para grandes cosas: desde la tipografía del
título, la distribución de viñetas, las perspectivas, el jugueteo de la cámara
(que se enfoca a veces en algunos personajes secundarios), los paisajes, las
expresiones faciales, algunos efectos para demostrar estados o emociones, etc.
Yaguas ya ha encontrado un estilo propio con el que se siente cómodo y que le
permite contar con soltura sus historias, sin repetirse casi nunca. El final de
esta historia es simple pero significativo, un giro total que cambia radicalmente
el tono del relato.
''Una de X-Files'' (BoShek) es una historia
protagonizada por una pareja de jóvenes enamorados que alcanzan el estado de
psicosis paranoide debido a una exposición prologanda a una transmisión
maratónica de capítulos de la icónica serie sobre extraterrestres y conspiraciones
gubernamentales. Una sensación de súbito apremio y ansiedad impulsa a la pareja
a salir a la calle, para encontrarse con lo que aparenta ser una situación
catastrófica de la vida real.
BoShek cumple con ofrecernos un relato entretenido
y sin muchas pretensiones, con algunos buenos momentos que los aficionados a la
serie de culto X-Files sabremos apreciar (yo sigo enamorado de Gillian
Anderson). El dibujo se apoya en un trazo simple, con marcado contraste entre
blanco y negro. Sin embargo se descuidan un poco los fondos, se repiten planos y
algunas viñetas no justifican el gran tamaño que se les otorga. Podría
mejorarse bastante este aspecto, sin tener que cambiar la esencia del dibujo,
pero sí haciendo algunos ajustes y dándole más variedad a los cuadros y perspectivas.
''Condorito'' (David Galliquio) es una versión ''grim
and gritty'' no autorizada del ciudadano más ilustre de Pelotillehue. Galliquio hace una sátira grotesca del
personaje, presentándolo como un abusador de menores, adicto a las anfetaminas
y enamorado de Yayita, quien en este particular universo se dedica a la
prostitución. Hay violencia y lenguaje explícito. Sin embargo, esta burla no
está exenta de cierto homenaje. Hay varios elementos (palabras, fondos,
vestimenta, gestos) que demuestran que hay un conocimiento adecuado y cierto
respeto por el material original y que no se trata de una simple interpretación
chapucera.
David Galliquio completa su participación en este número con varias
ilustraciones y cómics de una página, en los que demuestra una gran capacidad
de síntesis, para transmitir emociones y sentimientos (casi siempre sórdidos) en
un espacio reducido.
''Un día sin gatos'' (Eduardo Yaguas) podría entrar sin
problemas en el género de horror (por su final inesperado), pese a que comienza
como una crítica sarcástica a algunas personas que dicen tener una ''sensibilidad'' especial de ayuda al prójimo o a los animales desamparados, cuando sus
motivaciones generalmente van por otro lado: sea reconocimiento social,
figuretismo político o simple interés económico (como se aprecia en muchas ONG’s).
La única falla que encuentro en el relato es que las intenciones de la
protagonista no quedan del todo claras. Por momentos su accionar fluctúa entre una
real preocupación por los gatos a los que se dedica a cuidar y por otros nos da
a entender que realmente no le interesan nada, pero ese es un detalle que ya
evaluará cada lector.
En el dibujo, Yaguas cambia el esquema de su primera
colaboración. Acá utiliza en todas las páginas un formato fijo de 3 columnas por
2 viñetas cada una, con un dibujo más simple y contrastado, no por eso menos
expresivo y que se adecúa mejor para la onda medio terrorífica que va
adquiriendo la narración. Y nuevamente hace gala de su amplio repertorio de
recursos, con el manejo variado de la cámara, las perspectivas, esos magníficos
enfoques a detalles como los zapatos de la protagonista, o los llaveros que
cuelgan de su cartera, los fondos etc.
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Desde este primer número, Animal Machine se ubica
rápidamente como la publicación independiente con mayor calidad y proyección del
medio. 24 páginas de buen cómic, de autores que tienen al cómic -y no las
exposiciones en galerías de arte- como prioridad creativa, y que ya conocen su
oficio. Se debe mejorar el aspecto de difusión y distribución, pues salvo el
festival de fanzines donde se presentó hace unas semanas, es muy difícil
encontrar un lugar dónde adquirirlo.
Esperemos que los autores mantengan la
formación de su equipo (no hace falta que convoquen a más gente, pues de esas
revistas con montones de autores poco comprometidos ya hay bastantes), y que se
empeñen en publicar nuevas entregas cada 2 o 3 meses, pues la pequeña ración
me ha dejado con ganas de más (y seguro que a mucha gente también).




