Avatar es una excelente película, más allá de los impresionantes efectos especiales, de la sensacional animación computarizada (verdaderamente revolucionaria) y del factor 3D. Como las grandes obras de ciencia ficción de los siglos pasados, Avatar trata más sobre la realidad y la situación actual del mundo que sobre inasibles fantasías futuristas. Las alegorías a hechos históricos y contemporáneos son constantes: La conquista de América y la destrucción de las civilizaciones pre-colombinas por parte de las naciones europeas; la deforestación amazónica y la disminución de áreas verdes a nivel global; los conflictos constantes entre el estado moderno y las sociedades nativas tradicionales cuando se busca explotar bienes del subsuelo selvático (y de los que los peruanos hemos sido tristes testigos últimamente); las recientes guerras en Irak o el Líbano, en las que la cuestionada ideología del ''ataque preventivo'' jugó un papel preponderante como elemento justificatorio, son solo algunos ejemplos.
En la película se ponen también sobre el tapete una serie de temas y asuntos que actualmente son motivo de debate en la sociedad mundial: la revaloración de filosofías y religiones tradicionales no occidentales; la reinterpretación de la realidad desde parámetros no eurocéntricos; la relación de la sociedad moderna con la naturaleza y los peligros casi irreversibles del cambio climático ocasionado por la contaminación ambiental; los peligros de un desmedido poder estatal y militar; el cuestionamiento de la noción de ''desarrollo''; el cuestionamiento de un capitalismo sin límites, etc.
Por último, Avatar sirve también como una vitrina hacia el futuro, o como un ensayo bastante fundamentado sobre las posibilidades de avances científicos en los campos de la tecnología, la biología o la genética.
Avatar es una película gigantesca, de naturaleza épica, en la que pueblos y civilizaciones enteras forman parte de la trama y el desarrollo de los hechos. Creo que hay que saber ubicar a esta película dentro de su género y reconocer que hace muchos años no se lograba crear algo tan importante, tanto a nivel artístico como de contenidos, en este campo. El espectador se involucra y se sumerge en estos grandes temas a través de personajes icónicos: un general, un soldado, los jefes de una tribu, una científica, etc. entre los que se tejen las más diversas relaciones, y en los que afloran todo tipo de sentimientos propios de la naturaleza humana: amor, odio, venganza, lealtad, dolor, esperanza, desasosiego, en el marco de los grandes dilemas universales: paz, guerra, conquista, poder, bien y mal, vida y muerte. Si bien algunas de las escenas pueden parecer clichés del cine comercial, estas no desmerecen para nada el producto final, y son utilizadas con maestría por James Cameron para tejer pequeñas costuras dentro del colosal escenario en el que ocurren los hechos, y que permiten un acercamiento más íntimo y cercano por parte del espectador. Avatar no lleva el estigma de Hollywood, está por encima de Hollywood.
Creo que hay consenso entre la crítica al decir que Avatar es una película bella en lo visual. Para mí, la belleza de Avatar va más allá de lo visual, y se encuentra en la historia misma, en su riqueza de significados, en los personajes y sus relaciones, en la capacidad para generar sentimientos en el espectador. Más que bella, me parece mágica, casi un sueño capturado en una película, un sueño que, como dije antes, está basado profundamente en nuestra propia realidad. Definitivamente, Avatar se erige como el nuevo paradigma del cine épico, como una película importante, profunda y trascendente de la que se hablará por muchos años y que será tomada como referencia, de alguna u otra manera, por todos aquellos involucrados con el arte cinematográfico.
Algunos creen que estamos frente a la nueva Guerra de las Galaxias (debemos suponer que se refieren a la trilogía original -la de verdadera importancia histórica y artística- y no a la más moderna, que pasó sin pena ni gloria por la historia del cine). Yo voy más allá y, por todo lo explicado previamente en este artículo, me animo a proclamar: ''La Guerra de las Galaxias ha muerto, ¡Viva Avatar!''.
Guido Cuadros F.A.
Lima, Enero del 2010.