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miércoles, 21 de agosto de 2013

''PUSSEY!'' de Daniel Clowes. Una ácida y contundente crítica al lado más feo de la industria del cómic.


Pussey! (publicada originalmente entre 1989 y 1994 en la revista Eightball y desde entonces recopilada en tomo único por Fantagraphics Books) es una descarnada crítica -suavizada relativamente por el tono humorístico de la obra- hacia lo que se conoce comúnmente como la ''industria del cómic'' en Norteamérica (con su engranaje de editores, autores, distribuidores y reseñistas), así como a la mentada ''comunidad comiquera'' de dicho país: el público lector y los consumidores que mantienen económicamente a este armatoste social. El hilo conductor de la narración es la biografía ficticia de Dan Pussey, exitoso dibujante de cómics superheroicos y a la vez una simple tuerca de un sistema de producción mecanizado.

Esta feroz crítica es multidireccional, y Daniel Clowes reparte lo que corresponde a todos los flancos, atacando el núcleo de la problemática creativa del medio -más allá de géneros o posturas ideológicas y estéticas-, así como al público que consume únicamente determinado tipo de cómics.

En primer término, Clowes desnuda las incongruencias, miserias y abusos del sistema de producción comercial de cómics superheroicos, tipo editoriales Marvel o DC, con su enajenante modalidad de trabajo ''bajo contrato'': las canalladas perpetradas durante décadas (y aun en el presente) en temas como los derechos de autor, el escamoteo del justo pago de regalías a los creadores de los personajes, las nefastas prácticas editoriales que buscan regular y uniformizar contenidos, la imposición del trabajo en equipo tipo línea de ensamblaje (guionista, dibujante, entintador, colorista, letrista, etc.), los plazos o deadlines, y hasta la más pura humillación de la que han sido objeto muchos artistas que se han desempeñado en este campo.


Este paradigma queda encarnado en el personaje de Doctor Infinity, quien comparte protagonismo con Pussey durante toda la historia, y que con sus actitudes y manera de expresarse nos trae a la mente inmediatamente a Stan Lee, el Chairman Emeritus de la Casa de las Ideas, aunque también puede representar a otros personajes de similar proceder, quienes han estado en la cúspide de la industria durante décadas.

Motivado por comenzar a escribir sus propios guiones, Pussey asiste a un curso de escritura creativa a cargo de una profesora de la cual se enamora, quien le abre las puertas hacia el cómic de autor o cómic independiente. Y aquí Clowes aprovecha para mostrar todos los despropósitos y chanchullos de los que ha sido testigo de primera mano en esta ''escena'': un ambiente saturado de absurdas y verborreicas ínfulas intelectualoides y academicistas, editores prepotentes tanto o más parametrados que los del cómic comercial, autores que quieren reinventar la rueda con su experimentación, chatura creativa y falta de talento disfrazados de vanguardia, obras modélicas que son copiadas hasta el cansancio, etc.

Queda claro que el simple hecho de querer ser o etiquetarse a uno mismo como un autor o editor original, independiente, alternativo, alejado de tendencias etc. no basta para serlo efectivamente. Y que muchos de los vicios, fórmulas y malas prácticas atribuidas al cómic comercial o industrial, están igualmente presentes en este tipo de producción. Aquí el personaje que encarna este mundo es Gummo Bubbleman, quien está claramente inspirado en el Art Spiegelman de los tiempos de la revista RAW, pero que -al igual que el ''stanlineano'' Doctor Infinity-, puede representar a una gran cantidad de personalidades del mundo de la historieta independiente norteamericana. También se muestran las oficinas de ''Highbrow Comics'', editorial inspirada en Fantagraphics, el sello del propio Daniel Clowes en el mundo real.


Como mencioné al principio, se trata de una crítica generalizada, cruda y sin concesiones, contra todo y contra todos, exagerada y sin espacio para matices, que no le extiende un salvavidas a nadie. Aca no se trata de mostrar las dos caras de la moneda, sólo una: la más fea.

La metralleta sarcástica fusila también a los consumidores de cómics: los típicos fanboys o frikis, enclaustrados en su nostalgia infantiloide, su mentalidad estrecha y su insaciable demanda por el más repetitivo entretenimiento. A la prensa especializada que difunde, comenta y aplaude cualquier estupidez que se publica, previo pacto bajo la mesa con las casas editoras. A los coleccionistas compulsivos, a los especuladores del mercado y a los que les siguen el juego. A los artistas de galería que no hacen sino mal copiar el lenguaje del cómic y presentarlo como una versión evolucionada del medio.

Pussey! tiene como uno de sus ingredientes principales el humor (en mucho mayor medida que el resto de obras de Daniel Clowes), pero a la vez mete el dedo en la llaga con violencia, sincera las cosas y muestra desde dentro los problemas, manías, poses, dogmas, desvaríos, pretensiones, chanchullos, malentendidos, ignorancia, abusos y sinsentidos que rodean, pululan y se asientan en la industria y en la comunidad del medio que tanto amamos: el cómic.

Leer esta lúcida obra auto-referencial es indispensable para que hagamos, sea cual sea la esfera que nos una a este medio, una autocrítica y aumentemos el nivel de conciencia sobre lo que se escribe, se dibuja, y se consume, obligándonos a repensar frases hechas como ''debemos crear y fortalecer una industria del cómic en nuestro país'', ''lo que faltan son editores'', etc. 

sábado, 1 de diciembre de 2012

''David Boring'' de Daniel Clowes. Del thriller policiaco a la experimentación meta-textual.


David Boring (2002) de Daniel Clowes, es un cómic en clave de novela (gráfica) negra o relato policial, con toques meta literarios y de erotismo, dividida en 3 actos. David Boring es un adolescente entrando a la adultez, recientemente mudado a la ciudad de Oceana, escapando del pernicioso influjo de su madre con la que vivía en el pueblo campestre de Merryvale. Comparte el departamento con su amiga lesbiana Dot, trabaja como vigilante en una empresa de sistemas, y dedica su tiempo a tener relaciones sexuales casuales con diferentes mujeres que se acerquen a su ideal estético de belleza femenina.


El primer arco tiene una naturaleza introductoria, estableciendo la lógica y motivaciones del protagonista: su búsqueda insaciable del placer en muchachitas con las que no se involucra sentimentalmente, el alejamiento de su pueblo en busca de cortar el vínculo pernicioso con su madre, el recuerdo constante de su padre, un artista de historietas de los años 70’s al que nunca llegó a conocer, y del que su madre no le contó demasiado.

Pronto la narración toma un giro dramático hacia el género negro, cuando su amigo de infancia Whitey -recién llegado a la ciudad desde Merryvale- es asesinado en circunstancias no esclarecidas. Al mismo tiempo, David conoce a Wanda, una chica de la que queda perdidamente enamorado, con la que logra alcanzar niveles irrepetibles de placer al acostarse con ella -luego de un largo proceso de conquista-, pero que desaparecerá repentinamente de su vida. Finalmente, durante una visita a su pueblo para asistir al funeral de Whitey, recupera un viejo ejemplar de Yellow Streak Annual #1 que tenía guardado en su casa del árbol, obra de su padre, y que a partir de entonces analizará minuciosamente en busca de algún tipo de revelación sobre su progenitor. Al final de este capítulo, una sombra intenta acabar con la vida de David Boring.


El segundo acto está desarrollado como una magnífica historia de misterio del tipo ''cuarto cerrado''. Luego del atentado contra su vida, David Boring es llevado por su madre y su amiga Dot a una mansión de propiedad de su familia, ubicada en una isla dentro de un lago, con el fin de recuperarse completamente.

Al llegar a la isla, el señor Hulligan -residente de la mansión- les informa que hay otros huéspedes: la Sra. Capón, prima canadiense de su madre, acompañada por su hija y el esposo de esta. Finalmente llega el ''Tío August'', con noticias acerca de un ataque terrorista con armas biológicas en tierra firme. Los personajes quedan literalmente aislados, con el plan de pasar los próximos meses en ese alejado refugio. El encierro y la proximidad física son un aliciente para que comiencen a darse todo tipo de relaciones personales entre los huéspedes, sean de afecto o desconfianza, con consecuencias inesperadas. De pronto, como si un karma oscuro persiguiera de manera vehemente al ''héroe'' de esta historia, ocurren nuevos asesinatos.


El tercer y último acto nos presenta a un David Boring ya recuperado y aparentemente establecido, con un nuevo trabajo y una nueva relación sentimental. Pero esto no dura demasiado. Tras conocer a otro de los amantes de Wanda (el amor idílico de David en el primer arco, que desapareció repentinamente), deciden averiguar juntos su paradero. Esto abre la puerta a nuevos misterios, al descubrimiento por parte de David de un nuevo y aún más potente amor, a nuevos crímenes, y a un final impensado, que pone broche de oro a esta gran obra de Daniel Clowes, uno de los trabajos más ambiciosos y complejos de su carrera, lleno de giros dramáticos y de multiplicidad de significados.


El aspecto meta-literario está presente en todo momento. Desde la primera página, es el propio David Boring quien nos cuenta la historia, poniéndose a sí mismo en el papel de protagonista de una aventura de formato clásico en tres actos. Y siendo Boring un director de cine aficionado, es posible interpretar que lo que leemos es el resultado final de su ambición manifiesta por escribir un guión cinematográfico, al que se hace referencia en varios tramos de la historia. El personaje nos narra muchas secuencias como si analizara las escenas de una película. Hay comentarios explícitos e implícitos sobre el proceso creativo de la ficción narrativa, e incluso auto referencias a la propia obra de Daniel Clowes (Dot tiene la misma apariencia y una personalidad muy parecida a Rebecca de Ghostworld, por poner sólo un ejemplo).


El estudio por parte de David del formulaico cómic de superhéroes Yellow Streak -realizado en los 70’s por su padre- sirve también como plataforma para cuestionarnos constantemente acerca de las posibilidades de la historieta como medio, mientras el autor juega con múltiples significados y paralelismos. ''David Boring'' es un cómic que difícilmente agotará el interés del lector en la primera lectura; que se presta para ser analizado bajo distintas perspectivas (una de ellas, la de un excelente thriller ''puro y duro'', más allá de lo metatextual) y también para resolver individualmente algunos de los misterios que se nos plantea.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

‘‘Ghost World’’ de Daniel Clowes. Jóvenes y libres… mientras se pueda.


Ghost World es una de las obras más importantes de Daniel Clowes y del movimiento post-underground norteamericano en general. Originalmente publicada en la revista Eightball -como muchos de los trabajos más conocidos del autor- entre 1993 y 1997, consta de 8 capítulos y ha sido recopilada desde entonces en formato de novela gráfica, convertida en un best-seller atemporal, siendo ya casi unánimemente calificada como obra maestra o clásico.

Como todo clásico esta obra ha sido objeto de incontables análisis (unos más sesudos que otros) que suelen encasillarla como un retrato de la Generación-X (esa de la que tanto se hablaba en los 90’s): una juventud caracterizada por su ''alpinchismo'', por el abandono de las ideologías o ismos,  completamente descreída, desconfiada e insatisfecha, que sin embargo lucha por intentar hacerse de una identidad o de encontrarle sentido a la existencia.


Más allá de las interpretaciones sociales y filosóficas que puedan hacerse, Ghost World nos narra las aventuras urbanas y cotidianas de dos amigas (Enid y Rebecca) que han terminado la escuela y pasan su tiempo deambulando por las calles de su pequeño pueblo de clase media. Ingenuas y poco experimentadas, pero sumamente inteligentes, críticas y sarcásticas, son capaces de maravillarse, asquearse o enternecerse con el monótono entorno de la cotidianidad en los suburbios. Su hobby favorito es analizar a quienes se les crucen enfrente. Y casi todas las personas -hombres y mujeres- terminan indefectiblemente en la categoría de nerds, hipsters, zorras, perdedores o depravados (incluso el propio Daniel Clowes, quien hace un breve cameo en su propio cómic, no sale bien parado del escrutinio de estas jovencitas).


La interacción entre las dos protagonistas, y la manera en que se complementan y entienden pese a sus distintas maneras de ser (Enid impulsiva, acelerada y parlanchina; Rebecca un poco más seria, prudente y madura) es lo que da vida a la obra. Clowes refleja de manera verídica el lenguaje y el accionar femenino, cuando no hay intrusos del sexo opuesto de por medio (el autor ha dicho en algunas entrevistas que su principal inspiración fueron varias de sus amigas de la juventud, ya que al ser él un chico callado y discreto, muchas veces se abandonaban a discusiones entre ellas sin prestarle mucha atención). En cierta manera, Ghost World es la historia de una gran y bella amistad, y también un canto al espíritu de la juventud, a ese ímpetu rebelde de negarse por principio a convertirse en una tuerca más del sistema, y de no conformarse a ser feliz con lo que la sociedad y el destino tiene deparado para nosotros.


Un rico cast de personajes secundarios (algunos de los cuales dejan una marca indeleble en pocas viñetas), son también un ejemplo de la manera en la que los jóvenes intentan darle un sentido a la vida y de encontrar una identidad. Entre ellos encontramos al revoltoso John Ellis -defensor de las causas más políticamente incorrectas posibles-, al antipático Johnny Apeshit -un ex punk convertido en yuppie, que está convencido de que enriquecerse y explotar gente es lo verdaderamente subversivo-, o al tranquilo, amable y centrado Josh (con el que las dos chicas terminan relacionándose sentimentalmente).

Influencias

Para los que hemos seguido la obra de algunos escritores norteamericanos del siglo XX, es fácil insertar a Ghost World dentro de una tradición literaria específica. El referente que surge de manera inmediata es ''The Catcher in the Rye'' (1951) de J.D. Salinger, y en menor medida, la obra de otros escritores como Raymond Carver o Charles Bukowski. Estamos hablando de una narrativa que se concentra en la cotidianidad de la urbe, donde la acción transcurre en las calles, carreteras, parques, supermercados o dentro de las habitaciones. Lo extraordinario se presenta en el entorno ordinario. La fuerza de las historias está plasmada en los monólogos internos o en los diálogos entre los personajes, la verosimilitud y el reflejo del día a día es uno de los puntos mejor desarrollados por esta influyente corriente literaria.

El protagonista de esta icónica novela norteamericana es Holden Caulfield, un observador y cínico adolescente.
Ghost World se caracteriza por todo esto. El escenario plano y gris de un pequeño pueblo sin nombre perdido en algún punto de los Estados Unidos, se convierte en escenario de aventuras y sorpresas. En esta obra, la acción es casi siempre sinónimo de conversación, de interacción dialogante. Las dos amigas, confrontando sus puntos de vista,  van construyendo juntas un mundo lleno de curiosidades, maravillas y abismos.  Crean un mundo propio, transfigurando la realidad e individualizándola.

Hopey y Maggie , ''Las Locas'' de Jaime Hernández (Love & Rockets). 
Ya en el ámbito del cómic, se pueden encontrar también algunas influencias. Las más directas, los cómics underground intimistas y urbanos de los 60’s y 70’s, como el American Splendor de Harvey Pekar. Y ya un poco más cerca en el tiempo, es imposible no darse cuenta del homenaje que Daniel Clowes rinde a Las Locas de Jaime Hernández.

Todo tiene su final

Los dos últimos capítulos de Ghost World están dedicados a darle un cierre a la obra. Es decir, es un final progresivo, que va cayendo como por su propio peso. Enid y Rebecca son, después de todo, dos chicas afortunadas, con la mayoría de sus necesidades cubiertas y sin responsabilidades demasiado grandes. Pero el mundo que se han creado no puede ser eterno, la presión social y el saber que el tiempo sigue su inexorable curso, las obliga a plantearse lo que viene después, el rumbo que deben tomar con sus vidas, en el camino hacia la madurez y la independencia.


Cuando Enid decide postular a la universidad, y sopesa la posibilidad de irse a vivir a un campus durante los próximos años (sin comentárselo en un principio a Rebecca), la maravillosa amistad entre estas dos chicas sufre un pequeño pero irremediable quiebre, saben que algo va a cambiar y que el apacible y despreocupado mundo que han creado conjuntamente va a desaparecer. Mientras que Rebecca piensa que sería magnífico que todo siguiera igual, como en los tiempos de la escuela, Enid confiesa que quisiera convertirse en una persona totalmente diferente, largarse a un pueblo lejano y regresar convertida en un ser distinto, irreconocible. Llega el momento en el que cada una de ellas deberá encontrar su propio camino, a su manera.


Como dije en un párrafo anterior Ghost World puede ser resumida como la historia de una bella amistad y como un canto al espíritu libre de la juventud. ¿Qué nos queda tras leer la obra? Cada quien sacará sus propias interpretaciones, pero al menos yo, creo que Ghost World puede devolver -a quienes lo hayan perdido, o a quienes nuca lo tuvieron-  esa sensación de libertad, ese  ímpetu de inconformidad, y esa mirada crítica y descreída del mundo que nos rodea. Después de todo, la juventud es un estado mental y no una cuestión de edad