Gracias al blog La Nuez me acabo de enterar que la cadena
de supermercados SODIMAC (dedicados a la venta de material de construcción y
mejoramiento del hogar) ha tenido la muy interesante e innovadora idea de poner
a la venta un calendario de las famosas modelos peruanas ''Las Vengadoras'' (Tilsa Lozano, Maricris Rubio y Jazmín Pinedo), dibujadas a manera de superheroínas
de cómic.
Si bien más que de ilustración se trata de un trabajo
de retoque fotográfico, el dibujante Christian Rosado y el colorista Antonio
Pomar han realizado una excelente labor, dando en el clavo y transmitiendo todo
ese feeling de Pop-Art o Comic-Art tan característico del género Pin-Up.
Como bien dice Javier Prado, del blog La Nuez, ''SODIMAC
se salió del molde'', pues presenta un atractivo producto que de alguna manera (quizá
indirecta), explota la estética y lenguaje del cómic (o al menos, de un tipo de cómic). El
calendario ya está siendo masivamente comentado en las redes sociales, lo que
demuestra que si bien no existe un amplio número de consumidores de cómic en
nuestro país, la ''estética'' del Comic-Art tiene bastante pegada y llama mucho
la atención de la gente, de forma muy rápida y efectiva.
De cierto modo, y de manera muy inteligente, SODIMAC está cubriendo con esta
iniciativa un nicho de consumo que en el Perú sigue siendo ignorado, pero que
demuestra tener un alcance masivo, entre los interesados en el campo del cómic,
el dibujo o la ilustración, pero también en el público general que recibe
positivamente una idea fresca y original, a la vez basada en una tradición de
ya casi un siglo como es el arte Pin-up, del que el Perú brindó al mundo uno de sus
principales sino el máximo exponente: Alberto Vargas (1896-1982).
Mientras que algunos obtusos siguen pensado que el camino para
el desarrollo del cómic peruano debe ser únicamente la estética y el modo
de producción ''indy/arty/subte'' con una impronta ''beligerante y comprometida'' como dogma del ''veradero cómic'' (cuyas
publicaciones son comercializadas en eventos que la mayoría de veces son
simples mercadillos de mala muerte donde los autores se compran los dichosos fanzines mal impresos entre ellos), este calendario de buen Comic-Art nos recuerda que aquella no es
necesariamente la única ''postura'' ni ''estética'' obligatoria, y que el
impacto masivo del cómic puede llegar por caminos muchas veces inesperados. Así
mismo, hacerle comprender a los artistas que la ''explotación comercial'' de su
talento no tiene por qué representar una traición al ''arte puro'', y que pueden otorgarles los ingresos, la práctica y la vitrina como para, más adelante -en caso de así desearlo-
embarcarse en proyectos de índole más personal.


